Una refutación davidsoniana del EAAN

Hola a todos. Hoy me propondré refutar el EAAN en su versión más explícita (ya que antes habríamos atacado tanto Corroza como quien escribe algunos aspectos de tal argumento, pero no al argumento entero).

El profesor Alvin Plantinga, uno de los epistemólogos

más renombrados de fines del siglo XX y el creador y

defensor del argumento que esta entrada pretende refuar.

Para empezar, el EAAN es la sigla de “Evolutionary Argument Against Nauralism”, un ingenioso argumento desarrollado por Alvin Plantinga que intenta mostrar que para cualquier persona que crea en la evolución y en el naturalismo (la tesis según la cual la naturaleza lo es todo: no existe nada sobrenatural) es irracional al sostener ambas cosas. La expresión “evolutionary argument against naturalism” se puede traducir al español como “Argumento evolutivo contra el naturalismo”.

En las siguientes líneas delineo el argumento en su versión de 1993.


Donald H. Davidson, (Springfield, Massachusetts,

6 de marzo, 1917 – Belkeley, California, 30 de agosto

 de 2003) uno de los filósofos más influyentes de la 

segunda parte del siglo XX. y en cuya tesis 

coherentista se basan buena parte de las ideas aquí 

expuestas (me refiero a mis intentos de refutación, 

desde luego).

(1) Pr(R/(E&N)) es muy baja, donde R = fiabilidad de nuestras facultades mentales (es decir, que nuestras facultades mentales produzcan creencias mayormente -a partir de 70% digamos- verdaderas) E = evolución y N = naturalismo. Por lo tanto la expresión Pr(R/(E&N) significa “la probabilidad de que nuestras facultades mentales sean confiables si asumimos como ciertos el naturalismo y la evolución”.

(2) Cualquier posición que implique que nuestras facultades mentales son muy poco fiables y sea el resultado de un razonamiento y/o de evidencia, se basa en las facultades mentales de quien sostenga tal posición y la tesis de que tal posición es racional se auto-refuta.

(3) Por lo tanto, E&N es irracional.

(4) Cualquier evolucionista que crea que es racional al creer en la evolución, debe rechazar el naturalismo como irracional.

Bien. Todas las premisas son indiscutidas e indiscutibles, excepto la (1). Plantinga, para defenderla, usa el siguiente análisis. La evolución selecciona comportamientos. Hay cuatro posibles modelos de interacción entre creencias y comportamiento. El primero, llamado epifenomalismo, sostiene que las creencias son causalmente inertes, por lo que no causan ningún otro fenómeno. Por lo tanto, bajo el epifenomenalismo, las creencias son invisibles a la evolución, que podrá seleccionar comportamientos adaptativos, pero no creencias verdaderas. El segundo, llamado epifenomenalismo semántico, sostiene que de los dos aspectos de una creencia (las propiedades NF -neurofisiológicas- y el contenido semántico C), sólo NF tiene incidencia en la conducta. Pero los valores de verdad son propiedades de proposiciones, y la conexión con las proposiciones es cuestión de C y no de NF. NF no tiene valores de verdad. C, en cambio, sí los tiene, pero bajo el epifenomenalismo semántico es invisible a la evolución, la cual podrá seleccionar conductas adaptativas, e incluso propiedades neurofiológicas que las causen, pero no necesariamente creencias verdaderas. El tercer modelo, llamado maladaptacionismo, sostiene que la conducta recibe influencia causal por parte tanto de C como de NF, pero que los contenidos que remiten a proposiciones verdaderas son maladaptativos. En ese caso, la probabilidad de tener facultades mentales fiables es muy baja. El cuarto y último modelo (que es el más verosímil y se podría llamar no-maladaptacionismo) en el cual tanto NF como C influyen en el comportamiento, y los contenidos no son maladaptativos, no implica, según Plantinga, que nuestra facultades cognitivas sean probablemente fiables. Plantinga aquí usa un sub-argunento conocido como “belief-cum-desire argument” (“argumento de las creencias y los deseos”). Este argumento nota que lo que incide, a grandes rasgos, en el comportamiento, no comprende sólo a creencias sino también a deseos. Y una conducta puede ser activada por múltiples pares deseo-creencia. Definimos un par deseo-creencia como “verdadero” si y sólo si el miembro asertivo (la creencia) es verdadero. Bien, según Plantinga, hay razones para creer que por cada conducta adaptativa hay igual cantidad de pares deseo-creencia falsos (no-verdaderos) que la pueden activar que pares deseo-creencia verdaderos que la pueden activar. Por ejemplo, la conducta de salir corriendo cuando uno ve un tigre, puede activada con los siguientes pares-deseo-creencia-verdaderos (me limito a algunos ejemplos; en realidad hay muchos más):

 

Quiero que no me coma + sólo si corro, no me comerá.

Quiero ejercitar mis pies + sólo corriendo ejercitaré mis pies

etc.

o por los siguientes pares-deseo-creencia-falsos:

Quiero que me coma + sólo si corro, me comerá.

Quiero que no me ahogue en el mar + sólo si corro, no me tirará al mar.

Quiero que me ahogue en el mar + sólo si corro, me tirará al mar.

etc.

Por lo tanto, cualquiera sea la posición del naturalista sobe la interacción de las creencias y la conducta, la evolución ciega (sin ningún ser inteligente y poderoso -y que le interese que sepamos la verdad acerca del mundo- que la guíe) según Plantinga, asegura que tus facultades mentales sean casi seguramente no fiables, lo cual garantiza la premisa (1) que era la única que estaba “bajo sospecha”.

Ahora déjenme [intentar] refutar este hermoso argumento. Voy a tomar la única estrategia que me parece viable, la cual es decir “(A) todo el argumento es correcto excepto por la parte (el argumento belief-cum-desire más precisamente) que concierne al no-maladaptacionismo (la cuarta opción) & (B) la cuarta opción es la correcta.

No necesito justificar la tesis (B): no veo ninguna razón para no creerla pero sí veo razones para no creer en las demás opciones (entre otras, la que el mismo A. Plantinga expone).

Entonces, pasemos a la tesis (A): el argumento belief-cum-desire es falso.

La probabilidad de una creencia de ser verdadera, si el argumento belief-cum-desire fuera exitoso, sería de 50%. Entonces la probabilidad de tener, por ejemplo de 1.000.000 de creencias 700.000 verdaderas, sería inimaginablemente mínima 2^ (0.5*1.000.000-700.000), lo que es equivalente a un 0, 0000000….. así con aproximadamente ciento treinta y ocho mil quinientos ceros y luego un 1.

Entonces, aquí viene un argumento quasi-davidsoniano para refutar el argumento belief-cum-desire y salvar de forma heroica al naturalismo:

(i) Digamos que la vasta mayoría de creencias del tipo “X (un objeto concreto) pertenece a Y (una clase de objetos)” (por ejemplo, “esto es un sillón”) son verdaderas por definición. Esto es por la siguiente razón: supongamos que Y fuera la clase de sillones. Habrá tres opciones: (I) que la gran mayoría de las veces que decimos “X es un sillón” X sea, efectivamente, un sillón. (II) que no la gran mayoría de veces que decimos “X es un sillón” X sea, efectivamente un sillón, pero que X sea la gran mayoría de las veces, otra cosa, digamos un farol. (III) que no la gran mayoría de las veces que decimos “X es un sillón” X sea, efectivamente un sillón y que además las veces que X no es un sillón, X no es otra cosa en especial -según (III), “la pifiamos de diferentes formas”, mientras que, según (II), siempre erramos la tecla, pero la tecla que sí tocamos es casi siempre la misma-. En el caso de (I), el argumento belief-cum-desire quedaría descartado. En el caso de (II), el término “sillón” adquiere un nuevo significado, ya que el significado de un término depende, como notamos en (i), de su rango de aplicación (y al cambiar éste, “sillón” empieza a representar faroles, entonces cada vez que decimos “X es un sillón” en realidad estamos diciendo que X es un farol lo que es, bajo la opción (II), verdadero en la mayoría de los casos). Aquí mi oponente Plantingano podrá objetar “pero todos los sillones, por definición, son para sentarse, y los faroles, en cambio, no cumplen esa función; por lo que es imposible que el término “sillón” empiece a representar faroles”. A esto yo replicaría: “bien, estás asumiendo que cada vez que digo “X es un sillón” estoy implicando “X sirve para sentarse”. Pero esto no es más que decir “X es un objeto tal que X sirve para sentarse”: estoy asignando una propiedad P a X. Pero ¿qué razón hay para no suponer que si X cambia de significado, entonces P también lo hará, resultando por consecuencia la asignación de la propiedad P a X, en una proposición verdadera? La única razón podría ser que P ya tenga un alcance semántico bastante bien definido (por ejemplo, en el caso del farol, es mentira que sirve para sentarse, pero esa mentira es tal sólo porque “sirve para sentarse” es un predicado que se aplica, en la gran mayoría de los casos, a ciertas cosas que tienen un rasgo que el farol no tiene -a saber, la capacidad de servir para sentarse-). Pero, si tiene este alcance tan bien definido es porque la mayoría de las veces que utilizo el predicado “sirve para sentarse” en una proposición del tipo “X sirve para sentarse” estoy diciendo la verdad. Si, en cambio, no estuviera bien definido el alcance de P, entonces no hay razón alguna para no suponer que “X sirve para sentarse” (o, lo que es lo mismo, “XP” donde P = servir para sentarse, como dijimos anteriormente) sea verdadero”. Ahora bien: ¿Qué hay de la opción (III)? ¿Podría ser que cuando decimos “X es un sillón” estamos equivocados, y a veces, X es una planta, y otras veces es un martillo, y otras veces es un asteroide, y otras veces… etc.? Yo pienso que esto es imposible, por razones evolutivas: alguien que piense que “X es un tigre” y X termine siendo otra cosa que nada tiene que ver en términos de apariencia o comportamiento o señales sensoriales (tales como algún olor o algún ruido) va a poder confundir cualquier cosa con un tigre, y va a terminar corriendo demasiado. Quizás se muera corriendo, o no sea atractivo para las hembras, o se extravíe, etc.. La cuestión es que sus chances de morir sin que sus genes sean traspasados a las siguientes generaciones suben considerablemente. Un competidor suyo con capacidad de discernir mejor los objetos de su campo visual tendría considerables ventajas tanto para cazar como para aparearse o como para huir de depredadores. Por lo tanto, la mayoría de nuestras creencias del tipo “X es un Y” son verdaderas. Se puede dudar de cada una en particular, pero no de todas a la vez.

Nótese que esto también aplica a cuando alguien dice “wP” (“w tiene la propiedad P”): si en la mayoría de los casos no tuviera tal propiedad, entonces hay dos opciones: la primera opción es que la mayoría de las veces wQ donde Q es otra propiedad (en cuyo caso “P” representaría Q) o bien la clase de referencia de “P” engloba propiedades altamente disimiles (por ejemplo, humedad, alegría, fragilidad). Pero esto último sería descartado por la selección natural, por razones similares a las cuales (III) fue descartado (imagine el lector que un hombre primitivo cree que algo que en realidad es húmedo o alegre o frágil es “amenazante”: viviría asustado; esto es evolutivamente demasiado costoso para ser lo contraproducente que es).

(ii) Por ende, por cuestiones semánticas en conjunción con cuestiones evolutivas, la mayoría de nuestras creencias son verdaderas. Analicemos ahora el par creencia-deseo al que nos refermios antes: “quiero que [el tigre] me coma + sólo si corro me a a comer”. Si alguien cree eso, correrá y verá que es falso. Si creyera que es verdadero la mayoría de las veces, entonces “me va a comer” pasa a significar “no me va a comer”: el significado es el resultado de una relación entre el pensamiento y el mundo; no reside sólo en nuestras cabezas. Y si a veces piensa que “sólo si corro me va a comer” es verdadero y a veces que es falso, necesitará que se activen diferentes deseos (quiero que me coma y quiero que no me coma, respectivamente) ante un mismo estímulo (el tigre), lo que es difícil e innecesariamente costoso desde el punto de vista evolutivo.

Como queda claro, esta fórmula “semántica+evolución=mayoría de creencias ciertas”, no presupone ninguna forma de sobrenaturalismo y refuta por lo tanto al antinaturalista evolutivo plantingano, al que sólo le queda la opción de una semántica internalista, imposible (como acabamos de ver) de sostener.

Por Janou Glaeser.

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