La epistemología social y la nueva identidad del sujeto cognoscente: las comunidades como agentes epistémicos

Para entender qué es la epistemología, la praxis filosófica aconseja acudir a las máximas autoridades sobre la cuestión. A los maestros.

Les Luthiers: “Cumbia epistemológica”, del espectáculo ‘Lutherapia’.

Empecemos por dos definiciones preliminares. En primer lugar, la epistemología. La epistemología se ha entendido tradicionalmente como el estudio de la naturaleza y las condiciones de posibilidad del conocimiento humano. Podemos encontrar una definición más precisa  en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, en la entrada correspondiente a este término:

Estrictamente definida, la epistemología es el estudio del conocimiento y de la creencia justificada. En tanto estudio del conocimiento, la epistemología se ocupa de las siguientes cuestiones: ¿cuáles son las condiciones necesarias y suficientes del conocimiento? ¿cuáles son sus fuentes? ¿cuál es su estructura y cuáles sus límites? En tanto estudio de la creencia justificada, la epistemologia pretende responder a cuestiones como las siguientes: ¿cómo tenemos que entender el concepto de justificación? ¿qué es lo que justifica las creencias justificadas? ¿es esta justificación interna o externa a la propia mente? Entendida de una forma más amplia, la epistemología trata sobre asuntos que tiene que ver con la creación y la diseminación del conocimiento, en particular en las áreas de investigación.

Históricamente se ha dado por supuesto que el sujeto cognoscente, el sujeto epistemológico, era el individuo. Sin embargo, esta perspectiva ha sufrido algunas modificaciones relevantes con la irrupción de la llamada epistemología social, una disciplina sociológica que emergió a finales de los ochenta de la mano, sobre todo, de dos autores, Alvin Goldman y Steve Fuller.  Una buena definición de lo qué sea la epistemología social la encontramos en el correspondiente artículo de la Wikipedia:

La epistemología social se refiere a un amplio conjunto de aproximaciones al estudio del conocimiento, que interpretan el conocimiento humano como un logro colectivo. Otra manera de caracterizar la epistemología social es como el estudio de las dimensiones sociales del conocimiento.

El artículo Social Epistemology, de la Stanford Encyclopedia of Philosophy nos ofrece una visión general de lo qué es la epistemología social. El texto está firmado por Alvin Goldman. Seguiremos la estructura de este trabajo por su claridad expositiva y porque nos sitúa adecuadamente frente a algunas de las cuestiones más importantes de este campo de estudio.

Goldman define la epistemología social como ‘el estudio de las dimensiones sociales del conocimiento o la información’. Esta definición, tan correcta como ambigua, sitúa a la epistemología social en continuidad conceptual con la epistemología clásica, que se ocupa más bien del estudio las dimensiones individuales de la adquisición de conocimiento e información. Goldman procede a una clasificación formal de la epistemología social en función de lo qué pueda entenderse como ‘conocimiento’: en efecto, este autor habla de una epistemología social de corte ‘clásico’ cuyo objetivo sería la adquisición o bien de creencias verdaderas o bien de creencias justificadas y racionales. Estos tipos de epistemología social se encuentran conceptualmente muy cerca de la epistemologia en su acepción tradicional. Por otro lado, Goldman diferencia también una epistemologia social ‘anticlásica’, en la que la noción de ‘conocimiento’ se entiende como un conjunto de creencias institucionalizadas en un determinado contexto, comunidad o cultura.

El artículo repasa brevemente la historia de la epistemología social. Goldman sitúa sus orígenes en lo que él llama una ‘epistemología egocéntrica’, que se remonta a Platón y a los empiristas clásicos británicos (Locke, Hume, Reid): algunas de las preocupaciones manifestadas por estos filósofos giran en torno a los temas del pensamiento experto y del testimonio fiable de los otros. Estos temas cobrarán importancia, como veremos más adelante, en proyectos de epistemología social de autores como Steve Fuller. En un sentido más ideológico o político del término ‘social’ nos encontramos con las aportaciones de Karl Marx y la ideología como forma de conciencia falsa, Karl Mannheim y las ‘condiciones de vida’ del grupo social, la Escuela de Frankfurt y su famosa Ideologiekritik y Jürgen Habermas y su ‘situación ideal de diálogo’. Desde una perspectiva más sociológica, el artículo cita las aportaciones de Robert Merton (la ciencia como proyecto epistémico colectivo libre de influencias externas), la Escuela de Edimburgo (y su postulado de simetría que adjudica las mismas causas a la credibilidad de todas las creencias), Thomas Kuhn (la influencia de los factores sociales en la producción de conocimiento científico) o Michel Foucault (la búsqueda de conocimiento como instrumento de poder).

En la epistemología social de corte clásico, Goldman distingue dos subtipos. En primer lugar, la epistemología social orientada a la verdad, que pretende identificar y evaluar los procesos sociales que ejercen influencias causales en la adquisición de creencias con distintos valores verísticos (valores asignados a las creencias verdaderas con preferencia a las creencias falsas). Goldman se sitúa a sí mismo en esta aproximación verística de la epistemología social clásica. Otros autores pertenecientes a esta misma aproximación son Philip Kitcher, con sus estudios de optimización de la distribución del esfuerzo cognitivo y con su noción de prácticas de consenso, y ciertas epistemólogas feministas como Elizabeth Anderson[1], que estudia los procesos fiables de formación de creencias, y Miranda Fricker[2], que insiste en las normas de credibilidad y en lo que ella llama injusticia epistémica en relación con la mayor fiabilidad otorgada a los más poderosos.

El segundo subtipo de la epistemología social ‘clásica’ es el que se centra en la justificación epistémica y la racionalidad; en particular, aquí se trata el problema del testimonio como fuente de garantía epistémica. Existe una postura reduccionista, que afirma que el testimonio no es una fuente epistémica primaria, y una postura antirreduccionista, que afirma que sí lo es.

En lo que se refiere a las epistemologías sociales de corte ‘anticlásico’ –aquéllas que definen el conocimiento no como un conjunto de creencias verdaderas y justificadas, sino como un conjunto de creencias contextual, cultural y comunitariamente situadas- Goldman se centra sobre todo en las aportaciones de las distintas escuelas pertenecientes a la sociología del conocimiento científico. Estas escuelas sostienen, grosso modo, dos tesis: la importancia de las influencias externas en la producción de conocimiento científico y la construcción social de los hechos científicos. Goldman, como otros autores, apunta a la contradicción que supone que estas escuelas utilicen una metodología empírica para tratar de desacreditar la autoridad epistémica de la ciencia.

En este apartado de las epistemologías sociales anticlásicas, el artículo menciona, demasiado marginalmente, las aportaciones de Helen Longino[3] de Steve Fuller[4], a quienes adjudica ciertas pretensiones normativas –no únicamente descriptivas- en la elaboración de una epistemología social. Goldman no vuelve a mencionar a estos autores.

20141020_182920

Un análisis de la naturaleza y tipos de la epistemología social no puede dejar de lado justamente el adjetivo ‘social’ que completa la expresión. El texto de Goldman entra en este análisis planteando el problema de la realidad ontológica de lo que llamamos normalmente ‘lo social’. En efecto, existen dos concepciones generales sobre la naturaleza de ‘lo social’: o bien como un agregado de relaciones entre individuos o bien como una entidad colectiva con estados mentales propios. No se trata de una cuestión menor, y mucho menos en un estudio sobre epistemología social. Si tomamos en consideración a las colectividades como portadores legítimos de estados epistémicos, podemos apostar por una concepción sumativa de ‘grupo’ (la creencia del grupo es sólo la suma de las creencias de sus integrantes) o una concepción no sumativa (los grupos pueden ser sujetos de creencias y otras actitudes distintas de las actitudes de sus integrantes). Uno de los pensadores que más ha desarrollado la idea de colectividades epistémicas no sumativas ha sido Philip Pettit[5], que ha aportado la noción de ‘social integrates’ para designar a ciertos tipos de grupos que expresan un patrón de unidad racional en el mantenimiento de actitudes intencionales y en la formación de otras actitudes. Los ‘social integrates’ serían centros para la formación de comportamientos que serían bastante discontinuos en comparación con los de sus miembros individuales. Sin embargo, estas ideas han recibido algunas críticas: por ejemplo, la de que estos grupos no sumativos se caracterizan por la elección voluntarista y doxástica de sus creencias, algo incompatible con las propiedades epistémicas positivas, como el conocimiento o la justificación racional.

La epistemología social plantea algunas cuestiones –teóricas y prácticas- de gran calado. Entre las cuestiones teóricas más importantes se encuentra el llamado problema de la justificación testimonial, mientras que la mejora del diseño institucional para la producción social del conocimiento es, quizás, la cuestión práctica más evidente. Vayamos por partes. Goldman destaca tres cuestiones teóricas importantes en este campo. La primera es el problema de la justificación testimonial –‘el novato y los dos expertos’: ¿cómo puede un lego en determinada materia decantarse a favor de una u otra de las opiniones emitidas por dos expertos en esa misma materia? La segunda cuestión es la posibilidad de desacuerdo razonable entre dos o más personas ante una misma evidencia empírica. La tercera cuestión es la posibilidad y manera de agregación racional de juicios fácticos, esto es, los posibles procedimientos de agregación de creencias individuales en creencias colectivas preservando la racionalidad de la opinión grupal resultante.

En lo que respecta a las cuestiones prácticas de la epistemología social, es decir, las referidas al diseño institucional para la mejora de la calidad del conocimiento socialmente producido, Goldman pone el ejemplo concreto de los errores y fraudes en los cometidos epistémicos de la ciencia forense: la reducción de la tasa de error en los informes forenses se plantea como un problema paradigmático de epistemología social aplicada. Goldman se hace eco de las investigaciones de Roger Koppl[6], que examina los errores de los laboratorios forenses debidos a ciertos sesgos sobre resultados esperados. Koppl propone una mejora del sistema basada en el modelo de teoría de juegos y en la estrategia competitiva entre distintos laboratorios. La aplicación de modelos parecidos de libre competencia a las estructuras legales de libertad de expresión y de prensa parecen tener también consecuencias positivas en la promoción de la verdad. Lo cual pone sobre el tapete una pregunta importante: ¿se optimiza la producción social de conocimiento por la pura competitividad de los agentes epistémicos, sin interferencia legal de ningún tipo? En cuanto al asunto de la agregación de juicios individuales, Chistian List [7] estudia diversos procedimientos de agregación con objeto de averiguar el rendimiento epistémico de cada uno de ellos: el voto mayoritario, la regla dictatorial y el voto por unanimidad. El autor concluye que el voto mayoritario es el mejor de los tres procedimientos de agregación.

El artículo termina con el reconocimiento de la posibilidad de la epistemología social en tanto disciplina, esto es, con la afirmación de que es posible la transición desde la introspección epistémica cartesiana a los procedimientos de diseño institucional de la epistemología social, entendidos éstos como factores esenciales en la búsqueda de la verdad.

[1] Anderson, Elizabeth (1995), ‘Feminist Epistemology: An Interpretation and a Defense’, Hypatia, 10 (3): 50–84.

[2]Fricker, Miranda (1998), ‘Rational Authority and Social Power: Towards a Truly Social Epistemology’, Proceedings of the Aristotelian Society, 19 (2): 159–177.

[3]Longino, H. (1990), Science as Social Knowledge, Princeton: Princeton University Press.

[4]Fuller, S. (1988), Social Epistemology, Bloomington: Indiana University Press.

[5]Pettit, P. (2003), ‘Groups with Minds of Their Own’, in Socializing Metaphysics, F. Schmitt (ed), Lanham, MD: Rowman and Littlefield.

[6]Koppl, R. (2005), ‘Epistemic Systems’, Episteme: A Journal of Social Epistemology 2 (2): 91-106.

[7]List, C. (2004), ‘Aggregating Sets of Judgements: Two Impossibility Results Compared’, Synthese 140 (1-1): 207-235.

Alvin Goldman Steve Fuller

Alvin Goldman (izquierda) y Steve Fuller (derecha)

Anuncios

Acerca de weisszettel

Soy un ateo no beligerante. El ateísmo es una opción epistemológica, no un imperativo moral ni un evaluador ético. En realidad, esta página es el anuncio de un gastrobar o de un café-lounge. Si usted entra aquí, puede tomar asiento y leer tranquilamente. Eso sí, el café queda de su cuenta.
Esta entrada fue publicada en Epistemología. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s