Unos Apuntes sobre la Ontología de la Música

Unos Apuntes sobre la Ontología de la Música

1.1. Una obra musical es una serie de indicaciones para una ejecución musical en la cual el intérprete no tiene libertad, o su libertad es muy restringida, de tal forma que en una ejecución todas las obras representadas pertenezcan a una misma familia, donde una familia de obras es un conjunto de obras prácticamente indistinguibles una de otra, pero con sutiles modificaciones de tal manera que nadie diría que se tratan de obras diferentes. Está compuesto de conexiones entre Mínimos Musicales, (es decir, entes musicales que o bien no tiene componentes, o que si se analizan sus componentes se pierden algunas de las características de tales entes) que obedecen ciertas leyes.

1.2. Un mínimo musical puede ser una propiedad (un staccato en una nota, un pianissimo en un proceso, un legato en un conjunto, una métrica en una región musical, una indicación expresiva en otra región musical, etc.), una cosa (una nota, figura, intervalo, ritmo, tiempo, acorde, compás, etc.), un conjunto (una melodía, un ritmo, una cadencia armónica, etc.) o un proceso (una región musical, es decir, una parte de una obra analizable por sí sola, etc.). Todas estas categorías y sus conexiones obedecen ciertas reglas, algunas de las cuales se pueden romper (las leyes de la armonía, por ejemplo) y otras que no se pueden trasgredir (ejemplo, que cada compás de 4/4 tiene que tener cuatro tiempos). Después hay un tercer tipo de reglas, no impuestas por la sociedad, sino por los juicios estéticos del mismo compositor.

1.3. Un compositor tiene una idea primitiva, es decir, no una idea musical, sino una idea más bien del tipo de arte que quiere hacer. Esta idea es entonces transformada en una idea musical, que tampoco habla de nada específico, pero puede ser expresada por distintas estructuras musicales. El compositor elige el tipo de estructura musical que representa a su idea, y luego comienza a componer, y a relacionar los mínimos musicales.

1.4. La música es compleja, pero detrás de toda esa complejidad hay una imagen conceptual que se quiere manifestar, expresar. Ese el propósito de la obra. Por lo tanto en el caso de la música sí se puede hablar de teleología, o causa final. La causa final se subdivide en subcausas finales que son más fáciles de llevar a cabo y que requieren menos trabajo. A cada subregión de un ente musical cerrado (es decir una región musical inafectada musicalmente por otras regiones musicales, generalmente una obra o conjunto de obras) se le asigna esa subcausa final, la que a su vez se divide en subsubcausas finales que se la asignan a las subsubregiones de la obra musicales, y así hasta que se llega al nivel más fundamental, el de los mínimos musicales y sus relaciones gobernadas por leyes estéticas y no-estéticas. Ahí, en ese nivel, es donde se llevan a cabo todos los mini-propósitos, los cuales en conjunto hacen emerger al propósito inicial que se le había asignado al ente musical cerrado completo.

1.5. A cierto nivel de complejidad, hay bastantes estados a los que una región musical puede tender. Estos estados son conexiones con otras regiones musicales. Tales tendencias pueden ser fuertes o débiles, y pueden haber múltiples tendencias apuntando a diferentes estados. Pero gana el conjunto de tendencias más fuerte. Las tendencias y su fuerza están determinadas por los juicios estéticos del compositor.

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